Como ya hemos dicho, el mundo del deporte no se ha quedado al margen de la tragedia sucedida en el país sudamericano. Muchas han sido las manifestaciones públicas en la que personalidades importantes del mundo deportivo enviaban sus condolencias al pueblo chileno. En especial, los compatriotas que emigraron para continuar con sus carreras deportivas.
Ya el fin de semana pasado, el reciente fichaje del Real Zaragoza, Humberto Suazo, dedicó los dos goles marcados al Getafe a su pueblo que acababa de padecer en sus carnes esa tragedia. Pero no fue el único que se acordó de las víctimas del terremoto. Otro compatriota suyo, el jugador del Xerez Fabián Orellana, hizo lo propio este domingo al anotar un gol contra el Málaga.
En tenis, este fin de semana se ha disputado la primera ronda de la Copa Davis. Al contrario de lo sucedido con la liga chilena de fútbol, el equipo nacional de tenis sí que ha disputado dicha eliminatoria tratando de ofrecer la victoria a las víctimas de la catástrofe. Debido al terremoto, se aplazó un día el inicio de los partidos.
Esta jornada, han sido muchos los equipos que han portado mensajes de ánimo para el pueblo chileno. En el partido entre el Real Madrid y el Sevilla, los dos equipos salieron portando una gran bandera chilena, y, en su partido contra el Barcelona, el Almería aprovechó que no llevaba publicidad en su camiseta, para incluir el mensaje de “Fuerza Chile” en las mismas.
Curiosa fue la anécdota que ocurrió al inicio del partido disputado en el Estadio del Mediterráneo. El colegiado del encuentro, Clos Gómez, retrasó en inició del partido más de diez minutos al poner impedimentos a los dos equipos para poder lucir esos mensajes de ánimo. Un episodio bastante triste que nos deja una duda, ¿acaso no se había enterado de lo ocurrido en Chile? Más vale que se dejarán de tocar las narices por estas cosas y se dedicaran a arbitrar, de una vez por todas.
Tras el parón invernal, comienza la temporada ciclista. En este blog se tratan tanto temas futbolísticos como ciclistas, por lo que a partir de ahora se publicaran de nuevo artículos sobre el deporte de la bicicleta.
El curso que comienza presenta muchas novedades, algunas ya analizadas en este blog. Nuevos equipos como Radio Shack, Sky o BMC, que no es nuevo pero como si lo fuese, y muchos corredores que han cambiado de maillots, desde Evans a Armstrong, pasando por Kolobnev o el antes mencionado Wiggins. Pero, en este primer artículo, queremos hacer referencia a la expansión del ciclismo a nivel mundial. En los últimos años, este deporte ha ido abriendo fronteras y llegando a lugares que, hasta hace bien poco, permanecían totalmente ajenos al desarrollo del mismo. La primera prueba de la expansión del ciclismo a nivel mundial la encontramos en la aparición de corredores asiáticos en algunas escuadras europeas. Nunca antes habíamos visto a varios ciclistas de este continente disputando pruebas profesionales, pero ya en 2009 asistimos a un acontecimiento histórico, la llegada de dos japoneses a los Campos Eliseos de París. Era la primera vez que dos nipones terminaban la ronda gala, un hecho que representa, de la manera más clara posible, la incorporación definitiva del continente asiático al ciclismo mundial (dejando de lado zonas como Kazajstán, cercanas a Europa). Dichos corredores, Beppu y Arashiro, disputaron la ronda gala en las filas de Bouyges y Skill Shimano respectivamente. De cara a este año, el primero de ellos, Fumiyuki Beppu, ha fichado por el Radio Shack de Armstrong, dando un paso más en su evolución. Está claro que no serán favoritos en el Tour, ni ganarán la Milán-San Remo, pero la aparición de estos deportistas es la prueba más evidente de la expansión de este deporte.
Se trata de dos corredores de características similares. Su fuerte son las llegadas, ambos son hombres rápidos, que no están a la altura de los más grandes, que pueden jugar sus bazas en llegadas con grupos reducidos. Aún no han conseguido victorias en carreras de renombre, pero no es descartable que este año puedan estrenarse en alguna prueba de nivel.
Está claro que, ahora mismo, Beppu y Arashiro no son las grandes estrellas de este deporte, pero con el paso de los años veremos cómo más ciclistas de estos países asiáticos van teniendo más protagonismo en el ciclismo mundial. Y una última duda, en relación a otro continente que aún no tiene mucha presencia en este deporte: ¿Podremos ver algún día a algún africano peleando con los mejores del pelotón mundial?
Como ya hemos dicho, el partido del domingo pasado entre el Cádiz y el Hércules era muy especial por muchos motivos. El cuadro cadista se enfrentaba al líder, que estrenaba posición de privilegio, aún estaba reciente el último partido de la temporada de hace dos años que condenó al equipo amarillo a purgar por la Segunda B y los sucesos posteriores con la supuesta alineación indebida del, por entonces, juvenil Kiko Femenía.
Pero si alguien tenía marcado en rojo dicho enfrentamiento, ése era Abraham Paz. El central del Hércules volvía a casa. El central que tantas tardes felices, y menos felices, vivió en el césped del Ramón de Carranza volvía a su hogar dos temporadas después de dejar el club de sus amores. Precisamente, su último partido con la elástica amarilla fue frente al Hércules, y no guarda un buen recuerdo del mismo. Era el último partido de la temporada 2007/2008, y el Cádiz se jugaba la vida en el Rico Pérez. Tras una mala temporada, el equipo entrenado por Julián Rubio había caído a los puestos de descenso una semana antes y el último partido le enfrentaba a un Hércules que no se jugaba nada…a priori. Fue un choque muy intenso, con muchos nervios por parte del Cádiz que sabía lo que había en juego y que se adelantó por medio de Gustavo López, uno de los pocos que cumplió en aquella maldita temporada. Ya en el segundo tiempo los alicantinos empataron y los nervios se apoderaron del equipo gaditano. Un empate les mandaba a Segunda B, pero el Córdoba no era capaz de ganar a la Real Sociedad en Anoeta, por lo que un gol daba al Cádiz la permanencia.
Y llegó el tiempo de descuento. Las lágrimas invadían los ojos de los cientos de aficionados cadistas desplazados a Alicante para animar a su equipo. El Córdoba había empatado a uno con la Real y sus jugadores esperaban impacientes en el césped noticias sobre lo que ocurría en el Rico Pérez. 5 minutos de descuento…y todo seguía igual…4 minutos…3…2…1…y, cuando ya no quedaba tiempo, un centro desesperado al área golpeaba en la mano de un defensa del Hércules, de manera involuntaria, y el árbitro señalaba penalti. El cielo se abría para los amarillos, la salvación era posible cuando nadie creía en ella. Y en ese momento apareció él, era su turno. Abraham Paz no se arrugó y cogió el balón. Un cadista de pro tenía en sus botas mantener al equipo en la Categoría de Plata. La afición confiaba en él, motivos tenía para ello. Abraham ya había conseguido goles importantes para el Cádiz desde el punto de penalti. Hagamos memoria…
En la liguilla de ascenso a Segunda división de la temporada 2002/2003, que terminó con más de una década de penurias del club por la Segunda B, Abraham consiguió dos goles vitales; el primero de ellos en el Carranza ante el Barça B, en el último minuto de partido, Paz anotó el gol que hacía al Cádiz depender de sí mismo para conseguir el ascenso en las dos jornadas que quedaban. El primero de aquellos dos partidos se empató en casa y en el último partido, en Las Palmas, ante el Universidad, el equipo gozó de otro penalti a favor. Con el empate era suficiente y de momento el equipo cadista caía derrotado por 1-0. Penalti a favor y Abraham Paz lo transforma consiguiendo el ansiado ascenso que devolvía al Cádiz a Segunda División una década después.
Tres años después, el equipo se jugaba el ascenso a Primera en la última jornada de la temporada. Para más inri, el partido se jugaba en Xerez, ante el máximo rival. Con 0-1 en el marcador y los locales apretando para aguar la fiesta a su rival, el árbitro decretó un penalti que Abraham Paz volvía a transformar dando al Cádiz el ascenso a Primera, una categoría que jamás debió perder.
Pues bien, todos esos momentos pasaron por la cabeza de los presentes en las gradas del Rico Pérez y de los que, como yo, escuchábamos el partido por la radio. Como ya hemos dicho, Paz no se arrugó y cogió el balón. Golpeó hacia la derecha del portero Sanzol ajustando el balón tanto que el esférico golpeó en la cepa del poste, con la mala suerte de que el rebote dio en la espalda del portero, saliendo rechazado a córner. El árbitro decretó el final, Abraham Paz se hundió en el césped, junto a miles de corazones amarillos que veían cómo el destino se la jugaba una vez más a su equipo.
Aquellos dramáticos segundos fueron los últimos del capitán con la camiseta amarilla. Tras esa temporada, decidió continuar su carrera en otro lado. La afición no se lo tomó nada bien. Había sido una temporada dura, con muchos nervios, demasiada tensión y varios jugadores que no se habían implicado nada (Nano, Diego Rivas o Natalio…) por lo que la afición estaba muy desencantada con el equipo. Y ahí llegó la ruptura. Aquel día, se produjo la gran espantada y la expedición de vuelta del equipo cadista viajó sin la mitad de los jugadores convocados. Faltaban muchos que ni siquiera en el césped lamentaron la derrota, pero había una baja que quedó grabada en la memoria de la afición, y no era otra que la de Abraham Paz. Los rumores dicen que se trasladó a Polonia para firmar por un nuevo equipo. La grada nunca se lo perdonaría, había abandonado al equipo en el momento más triste de los últimos años. El mismo que tantos momentos de felicidad había dado, ahora abandonaba la nave para buscar un futuro mejor. Egoísta fue lo más suave que le llamaron. Sus declaraciones tampoco ayudaron cuando, estando ya en el Alicante, declaró que no echaba de menos Cádiz. Difícil de creer. Nadie olvida sus inicios, su casa, su afición, su club. De hecho poco después rectificó.
El domingo pasado, Abraham regresó a casa. Fue recibido con más pitos que aplausos. La grada no olvida. Ambas partes deben perdonar. El comportamiento del central en sus últimos días como cadista no fue el más adecuado, pero los aficionados no debemos olvidar su entrega, la lucha por esos colores y las tardes de alegría que dio a la hinchada amarilla. Tarde o temprano las aguas deberían volver a su cauce, expresión que viene al caso dado el temporal que se produjo en Cádiz durante estos días.
Pasan las jornadas y, como hemos dicho, la situación del Cádiz va de mal en peor. Y en ello, tiene mucho que ver la sequía goleadora que persigue al equipo durante esta temporada. Apenas hace goles y esta sequía, junto a las facilidades defensivas, le está condenando a ocupar las plazas de descenso a Segunda División B. Las cifras goleadoras son similares a las de hace dos temporadas, cuando el equipo también acabó descendiendo. En teoría, son los delanteros quienes deben encargarse de esta tarea y, si echamos un vistazo a la tabla de realizadores de la categoría, ninguno aparece entre los máximos artilleros. De hecho, el máximo goleador del equipo es Enrique, un interior, y no es ninguno de los arietes del equipo.
Un caso curioso es el del nigeriano Bartholomew Ogbeche. El jugador africano llegó este verano, cedido por el Valladolid, para completar, junto a Toedtli y Tristán, la tripleta atacante cadista. Tras perderse los primeros partidos, por su baja forma y por una inoportuna lesión, en la cuarta jornada entró en el equipo y se convirtió en titular indiscutible. Ogbeche aporta al equipo algo distinto al resto de puntas: movilidad, entrega, presión, velocidad y la posibilidad de realizar jugadas individuales que acaben en gol. Sus dos compañeros no aportan nada de eso; el primero, Toedtli, se caracteriza, además de por su experiencia, por ser un jugador que juega muy bien de espaldas, protege el balón, fija a los marcadores y va muy bien por alto; pero carece de velocidad y recursos técnicos con el balón en los pies. Y también está Tristán...qué decir de este jugador. Está claro que es el mejor de los tres, pero también es cierto que su estado de forma es pésimo, su entrega es nula y su aportación al equipo es más negativa que positiva. No merece vestir la camiseta amarilla.
Siguiendo con Ogbeche, el nigeriano se hizo con el puesto de titular y su participación coincidió con una mejora en el juego del equipo. Su asociación con hombres como Enrique o López Silva dio lugar a un juego más veloz que provocaba muchos más problemas a las defensas rivales. Pese a que no tuvo gran acierto de cara a gol, 4 goles en 14 partidos, era la referencia del equipo arriba...hasta que llegó la lesión. Y es que desde el partido ante el Murcia, en la jornada 17, Ogbeche no ha vuelto a jugar. Se ha especulado mucho con la lesión, que en principio era mucho más corta, pero nadie sabe qué le pasa. Cuando parece que su reaparición se acerca, el jugador vuelve a recaer. Hasta Víctor Espárrago ha recriminado al jugador públicamente, pidiéndole más esfuerzo y más sufrimiento para solucionar esos problemas, pero la realidad es que “Bartolo”, como se le apodaba cariñosamente en Valladolid, sigue lesionado.
Lo cierto es que las jornadas pasan, los puntos vuelan, los errores continúan y el resto de equipos suman. Y mientras, malas noticias siguen llegando desde Carranza. Esperemos que Ogbeche pueda volver pronto y ayude al equipo a salir de un pozo cada vez más profundo.
Para terminar, dejamos un vídeo con el mejor partido realizado por el delantero nigeriano en lo que va de temporada, el disputado en Vallecas entre el Rayo y el Cádiz.
Acabó el Carnaval, la fiesta por antonomasia de la ciudad gaditana. Los días de fiesta, húmedos tanto por dentro como por fuera, dieron paso a una semana dura por el temporal que ha asolado el país, y principalmente Cádiz, a lo largo de la semana. Pese a ello, la afición, fiel como pocas, llegaba al Carranza con la esperanza de que su equipo les brindara una de las pocas alegrías de la temporada. El césped del estadio parecía ajeno a lo que cayó sobre él durante estos días y la ilusión de los cadistas contrastaba con la verdadera situación de los dos contendientes en la tabla. Tras noventa minutos en los que la diferencia de puntos no quedó patente, la sensación con la que se fue el espectador amarillo a su casa fue que el Cádiz dejó escapar vivo al Hércules. Se trataba, además, de un enfrentamiento con mucho morbo, por muchas razones: los alicantinos fueron quienes enviaron al Cádiz a Segunda B hace dos temporadas, aún se recuerda el caso Kiko Femenía, y, sobre todo, la vuelta de Abraham Paz a la que fue su casa durante tanto tiempo. Motivos suficientes para presenciar un gran partido.
El choque no pudo comenzar mejor. Cristian, qué bueno es cuando quiere, llegó hasta las inmediaciones del área para enviar un centro envenenado que no remató nadie, pero que hizo dudar a Calatayud que acabó viendo cómo el balón se colaba en su portería. Sólo habían transcurrido dos minutos de partido y el inicio era inmejorable. Pero nada más lejos de la realidad, minutos después una buena jugada de Tote por el centro permitió a Tiago Gomes, cedido por Osasuna, igualar la contienda aprovechando, una vez más, una indecisión de la defensa amarilla. A partir de ahí, la duda era saber si el Hércules se haría con el dominio del juego, o el Cádiz conseguiría dar una alegría a su público. Por suerte, el equipo cadista no se amilanó y, en una buena combinación por la banda derecha, Enrique puso un centro al segundo palo para que López Silva consiguiera el segundo gol para el submarino amarillo antes del descanso. Lo cierto es que el Cádiz había planteado una primera parte bastante seria y se marchaba a los vestuarios por delante de un líder que no hizo honor a su posición en la tabla.
El entrenador, Espárrago, había planteado una alineación, a mi modo de ver, un poco defensiva, con un doble pivote, qué problema el del doble pivote, formado por Fragoso y Erice, con Abraham por delante de ellos, Toedtli en punta y Enrique y López Silva en las bandas. La defensa era la habitual y Nano se quedaba en el banquillo. Es cierto que el ex jugador del Cartagena no hizo su mejor partido en Córdoba, pero la alternativa fue demasiado defensiva; el Cádiz, como Espárrago dijo, debe tener una personalidad propia y no cambiar su estilo según el equipo que tenga en frente.
Con ésas, llegábamos al segundo tiempo. Esta vez, el Hércules salió más decidido a buscar la remontada y se hizo con el control del balón. Pero las ocasiones no llegaban y el Cádiz parecía cómodo atrás esperando su oportunidad a la contra para matar el partido. Lo cierto es que dispuso de varias y muy claras. Toedtli y López Silva tuvieron en sus botas, y en su cabeza, la oportunidad de dar los tres puntos al Cádiz. Pero el que perdona, lo paga. Y lo que todos temíamos llegó. Un balón que recibió Delibasic, que también intervino en el primer gol, sólo dentro del área supuso el empate a dos definitivo. Una vez más, la defensa permitió a un jugador rival recibir la pelota a escasos metros de la portería y eso, y ante el líder más aún, se paga muy caro. De ahí al final, el partido fue un quiero y no puedo, más por parte del Cádiz que del Hércules. La entrada de Tristán y Ramis no aportó gran cosa a un equipo que no ha aprovechado el mercado de invierno para mejorar.
La idea era clara, pero los jugadores que han llegado no han aportado nada de momento. Bogunovic ha tenido una presencia testimonial y Ramis parece difícil que consiga la titularidad. Y mientras otros equipos como el Murcia o el Girona cada día están mejor por lo que la salvación está carísima. Con este empate, el Cádiz queda tercero por la cola a tres puntos de la salvación. El partido del sábado en el Colombino se antoja vital. Por último, hay que hacer referencia a un caso extraño, el de la lesión de Ogbeche. El nigeriano lleva varios meses lesionado y el tema ya levanta las primeras ampollas. Espárrago ya ha recriminado públicamente la falta de entrega del jugador, al que ha dicho que “para recuperarse hay que sufrir”, pero parece que la reaparición del que fuera jugador del Valladolid va para largo. El Cádiz necesita su aportación, ya que las mejores jornadas de los amarillos llegaron con “Bartolo” en plena forma.
Tras la clasificación para la final de la Copa del Rey, el Atlético de Madrid vuelve a Europa. Pero no lo hará en la tan deseada Champions, sino que deberá pagar el peaje de su penosa fase de grupos y disputar los dieciseisavos de final de la Europa League. Su rival, el Galatasaray de Rijkaard y Leo Franco que vuelve al Calderón tras salir del club al final de la temporada pasada.
En mi opinión, la temporada de los rojiblancos no está siendo nada buena. Es cierto que ha alcanzado la final de la Copa, algo que no ocurría desde hace diez años y que, de ganarla, conseguiría algo que lleva más de una década sin lograr, un título, pero el equipo está fatal. Creo que la final de la Copa del Rey no debe tomarse como referencia para evaluar la temporada, ya que los rivales han sido fáciles y no ha tenido que enfrentarse a ningún club de entidad.
El descalabro en Champions es innegable, hay que recordar que estuvo a punto de quedar cuarto por detrás del “todopoderoso” APOEL chipriota. La máxima competición europea es un torneo que está fuera del alcance del equipo rojiblanco, tanto para ésta como para la próxima temporada. Quedar entre los cuatro primeros en Liga es una quimera.
El equipo no está entre los mejores de la liga española, una competición donde tampoco está dando la talla. Tras un inicio desastroso, permanece instalado en la zona media y lo máximo a lo que podrá aspirar es a meterse en los puestos que dan derecho a disputar la Europa League, algo que ya ha conseguido al entrar en la final de Copa.Tantos vaivenes en sus resultados dejan en mal lugar la entrega de sus jugadores. De hecho, las derrotas ante equipos como Málaga, Recreativo o el empate ante un Mallorca con 9 los consiguió el mismo equipo que ganó la semana pasada al Barcelona.
Precisamente con la llegada de esta competición surge un dilema en la afición colchonera, tirar o no éste torneo para centrarse en la Liga.
A mí esta idea me parece absurda. Pensemos un momento: el Atleti ya está en la final de Copa, por lo que esa competición no desgastará al equipo. En Liga, su posición es de mitad de tabla, es imposible llegar a Champions y sería impensable caer al descenso.Entonces, qué razón hay para tirar la Europa League. Se trata de una competición larga, sí, que sólo suscita interés a partir de cuartos, sí, pero…¿qué otro objetivo tiene el Atlético de aquí a Junio, aparte de la Copa?
Si fuera mi equipo, preferiría recordar que se ha llegado a la final del torneo del KO, se ha logrado un buen resultado en Europa y en Liga, aunque se haya hecho una mala temporada, se haya conseguido la permanencia. Para mí, sería mejor resultado ese a pensar que se ha tirado la competición europea para luchar por alcanzar una cuarta plaza que, a día de hoy, está imposible.
Otro asunto es si el Atleti es, hoy en día, mejor que el Galatasaray, líder de la Liga Turca. El equipo entrenado por Rijkaard lleva el sello del preparador holandés, que no es otro que el mismo de aquel Barça de Etoo y Ronaldinho que logró la Champions hace años.
Los turcos muestran un gran gusto por el buen trato del balón, tratan de dominar los partidos y llegar al área rival mediante la elaboración de las jugadas.
Entre sus hombres más destacados, además de su estrella Elano Blumer, y el costamarfileño Kader Keita, los turcos llegan con el aval de ser la base de la selección turca con hombres como Arda Turan, Hakan Balta, Mehmet Topal o Servet Cetin. También encontramos veteranos del fútbol europeo como Kewell, Nonda o Baros y jugadores varias promesas como Jo Alves o Giovani Dos Santos. Todo ello sin olvidar a Leo Franco, titular indiscutible en la meta turca.
Por tanto, a pesar de la mala temporada del Atlético de Madrid, un buen resultado en Europa unido a la final de Copa cambiaría el ánimo de la afición completamente. Es absurdo tirar una competición por disputar otra, la Liga, en la que no se va a obtener un beneficio aparente. Otra cosa será que el Atlético dé la talla, algo en lo que no confío para nada. El equipo del Manzanares sigue teniendo grandes problemas que no se solucionan de la noche a la mañana, y no hay que olvidar que en esta competición hay equipos como la Juve o el Liverpool.
Tras unas jornadas en las que parecía que el equipo había encontrado la senda del buen juego y los resultados comenzaban a llegar, las dos últimas derrotas cosechadas por el club cadista dejan claro que la salvación costará sangre sudor y lágrimas.
Dos partidos perdidos ante Levante y Córdoba que vuelven a dejar al equipo en descenso y mirando de reojo al Murcia, que está a sólo un punto y en clara mejoría. A priori, eran dos choques en los que el club debía confirmar la mejoría experimentada con la llegada de Espárrago y que se había atisbado en sus dos desplazamientos a tierras castellanas, ante Salamanca y Numancia. Sin embargo, la sensación ahora es bien distinta.
La derrota ante el Levante es más sangrante aún que la del pasado viernes ante el Córdoba. Es cierto que el club levantino está en las posiciones altas y que no era un choque fácil, pero no se puede dejar escapar vivo a un equipo que se queda con uno menos en Carranza, ¡y menos después de quedarse con nueve jugadores!
Antes de la llegada del técnico uruguayo, la afición no era partidaria del cambio de entrenador pues, como yo también creo, el problema no está ahí, sino más arriba. Pese a ello, se recibió la llegada de Espárrago con gran ilusión viendo los resultados conseguidos en anteriores etapas. Un mes después, el club casi no ha fichado en el mercado invernal, y los refuerzos son auténticos desconocidos, y los problemas siguen siendo los mismos. En cuanto a la directiva está todo dicho, el descontento de la afición es total pero mientras no vendan su paquete accionarial habrá que respetar sus decisiones, porque para algo son los dueños. En lo que se refiere a los jugadores, la plantilla sigue teniendo los mismos problemas que antes del mercado de invierno: no encuentra la pareja adecuada en el doble pivote, parecía que Espárrago sentaría a Jon Erice pero no va a ser así, continúa la ineficacia por parte de los delanteros y tantos fallos en defensa conceden muchas oportunidades a los rivales.
La situación es preocupante porque, como hemos dicho, equipos como el Murcia se encuentran en clara mejoría y, personalmente, no parece que vaya a pasar muchos apuros para salir de ahí.
Se avecinan meses duros en Carranza. El Cádiz tiene mucho que mejorar y deberá jugarse la permanencia con equipos como el Huesca, Girona o Albacete. Esperemos que salga vivo de la lucha. El siguiente choque, ante el Hércules de Esteban Vigo. No es el mejor rival posible pero el equipo amarillo ya ha demostrado que puede luchar con cualquiera y, porqué no, con uno de los favoritos al ascenso.
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